Vos jugás a sonreir y yo a que me sonrías, yo juego a que te sigo y vos a dejarte seguir. Jugás a que estás mal y yo a consolarte, juego a escribir, juego a regalarte lo que escribo. Después soy yo el que juego a que estoy mal y vos a que me ayudás. Juego a que soy un niño y vos me mimás, jugamos a cambiarnos los papeles y después a volver a cambiarlos. Jugás a contarme tus cosas y yo las mías. Jugás a que te importan mucho y yo juego a que me importan las tuyas. Juego a que me voy, y vos jugás a que me quede. Me voy, juego a volver y vos jugás a alegrarte. Juego a rendirme y a vos no te gusta el juego. Jugás a que luchás por mí y llorás y yo juego a que no llores. Juego a beber de tus lágrimas y a hacerlas mi razón de seguir adelante, entonces vos jugás a que no sea así. Pero seguís jugando a luchar por mí. Jugamos a que nos tenemos el uno al otro y a que nos entendemos, jugamos a sentirnos solos pero acompañados por el otro, jugamos a que tenemos mala suerte y jugamos a decirnos que otro tiempo vendrá. Juego a que me voy, y vos jugás a que me quede. Me voy, juego a volver y vos jugás a alegrarte. Juego a inventarme un futuro y vos jugás a que te gusta. Juego a concretar el futuro y vos a asustarte. Jugás sin embargo a que te gusta y yo juego a dejarlo todo para seguirte. Jugamos a que no importa ningún tipo de distancia. Jugás a quereme y yo juego a que te quiero. Pierdo el sentido y ya no sé a lo que juego. Jugamos a que nos queremos y a que no queremos querernos. Juego a que me voy, y vos jugás a que me quede. Me voy, juego a volver y vos jugás a alegrarte. Jugás a que estás mal y yo estoy mal. Juego a que estés bien y yo no lo estoy. Esto ya no es un juego. Juego a que te quiero y ya no estoy jugando. Jugás a que no te entendés y juego a entenderte. Juego a ver desde cuando no es un juego.
