Una cosa es que te vean hermosa y otra que te sientan hemosa, que te amen de verdad.
La gente ve lo que quiere ver, y no le interesa si es real o no, se quedan con su mirada, con su prejuicio. Si te ven como una histèrica van a tratarte como una histèrica, aunque en realidad quizas estes confundida.
La mirada de los otros puede ser muy cruel a veces, y muy ciega. La mirada de los demás es todo y los otros no te ven a vos, ven lo que piensan de vos. La mirada de los otros tienen sonido, voces, susurros, no se puede escapar a lo que ven de nosotros.
Todo se trata de como nos ven y como vemos a los demás. Quedamos atrapados en esa mirada, inmóviles, fijados en lo que creemos que vemos. Confiando más en nuestro prejuicio que en nuestros ojos. Dicen que la primera impresión es la que cuenta, pero también que lo esencial , es invisible a los ojos.
¿Cuando me van a sacar eso ojos de encima y van a ver lo que realmente soy?












Últimamente dediqé las horas de mis días a que simplemente pasaran. Quizá se deba a que no estoy tan bien por eso solo busco que pasen y no sé si será una excusa; pero siempre me encuentro al final del día, diciéndome: "Bueno, se terminó el día. Ya está. Mañana empieza uno nuevo. Te reservaste las sonrisas para cuando realmente estés bien…"










Así Aladino aprendió que los deseos por mas inalcanzables o descabellados que parezcan hay que animarse a intentarlos, arriesgarse a la aventura de dar el primer paso. Y una vez que damos ese primer paso, y aunque la lucha resulte despareja, siempre hay que seguir adelante.
No hay que rendirse, como Aladino, cuyo sueño de casarse con la princesa y ser príncipe era un sueño imposible, sin embargo, cuando la llevó a ver el mágico mundo en su alfombra mágica, supo que había hecho bien en dejarse guiar por sus deseos. Porque los deseos muchas veces son buenos guías, nos muestran el lugar hacia donde partir. Como así también, a veces los deseos nos muestran el lugar al que hay que volver. Y como Aladino, cuando volvió al palacio, aprendió que a veces el secreto no es vivir deseando lo que no se tiene, sino querer lo que se tiene.
Y una cosa hay que aprender: nuestros deseos no siempre van a cumplirse ya, aquí y ahora. Es parte de la vida aceptar que nuestros deseos no siempre son órdenes para un genio bueno. A veces otros deseos ajenos son los que ordenan nuestra vida, pero lo que nos enseña la historia de Aladino es que el genio que si puede escucharnos siempre no está en ninguna lámpara maravillosa, sino dentro de nosotros mismos. Dentro nuestro hay un genio poderoso que puede cumplir nuestros sueños.

Ese genio espera nuestras órdenes y quiere cumplir nuestros deseos. ¿Será así?